Atacama, el desierto más árido del mundo.


Entre la cordillera de Los Andes y los volcanes de la costa chilena se encuentra encajonado el desierto más árido del planeta: Atacama. Lagunas, quebradas, dunas, salares, llanuras y cumbres de alta montaña conforman un sobrecogedor paisaje de ocres, azules y amarillos que difícilmente olvida el viajero. El pueblo chileno de San Pedro de Atacama es su principal centro turístico, aunque parece como si apenas hubiera cambiado desde hace décadas. Sigue siendo pequeño, austero -como todo lo que le rodea-, sus calles permanecen sin asfaltar, sus viviendas están modeladas con adobe y maderas de algarrobo y todo mantiene un aire como de modesta plaza comercial de frontera. Eso sí, los locales que antes suministraban víveres y soporte a los comerciantes que iban o venían camino de Argentina y Bolivia ahora buscan otro tipo de clientela. Basta con pasear por la calle Caracoles, el equivalente a la Calle Mayor del pueblo, para contabilizar más de una docena de empresas turísticas que ofrecen excursiones por la zona, comercios especializados en equipamiento de montaña y varios restaurantes destinados a los viajeros. Sin olvidar los hoteles boutique que se han levantado en los últimos años a las afueras del pueblo. El turismo se ha unido así a la minería, la gran fuente de ingresos de esta tierra estéril donde la vida resiste gracias a que el desierto absoluto, el que da a Atacama la fama del ser el más árido del mundo, comienza al otro lado de la Cordillera de Domeyko. Es allí donde el agua es tan efímera que existen incluso rincones sobre los que no llovió durante la friolera de 400 años seguidos



Aunque no lo parezca, su aridez no es del todo estéril. Conservó para sus habitantes generosos filones de cobre, litio y nitratos de potasio y creó un escenario de gran belleza cuya variedad se descubre poco a poco. Porque Atacama hay que abarcarla sin prisas, dejando que el cuerpo se vaya aclimatando a las sucesivas cotas de altura en las que se encuentran las principales atracciones del lugar. Así irán asomando en los diferentes paseos a pie, a caballo, en bicicleta o en jeep curiosas formaciones rocosas, salares, oasis, quebradas, lagunas de alta montaña, géiseres, llanuras altiplánicas donde pastorean las vicuñas y dunas de arena como las que se levantan en el Valle de la Muerte. Y todo ello enmarcado con la soberbia Cordillera de los Andes, siempre de telón de fondo, con su ejército de volcanes, entre los que destaca el icónico Licancabur. Su perfil simétrico casi perfecto es una de las primeras postales que el viajero recoge y, posiblemente, la que más vaya a perdurar en su memoria. 

Pero no es el único escenario natural que deja huella en los visitantes. Éste compite con las lagunas más bellas del Salar de Atacama: la laguna Cejar, junto a la cual los turistas se dan baños de sal, y la laguna Chaxa, a la que es mejor acudir al atardecer, cuando el sol colorea las cumbres de Los Andes de tonos naranjas, rojizos, rosados y púrpuras. El mirador de Cari es otro privilegiado balcón sobre los ocasos de Atacama y el espectacular Valle de la Luna, el paisaje geológico más importante de la Cordillera de la Sal. Sin olvidar las bellísimas lagunas altiplánicas de Miñique, Miscanti y Tuyajto

Laguna Céjar con el volcán Lincacabur de fondo

Casi todos los viajeros que llegan a Atacama incluyen en su hoja de ruta los géiseres del Tatio, que han de ser visitados al amanecer, momento en el que decenas de columnas de vapor suben hacia el cielo debido a la diferencia de temperatura existente entre los 80 grados bajo la superficie y los varios bajo cero del exterior. Esta excursión suele poner el broche a las estancias de tres días en Atacama, ya que al estar situados a más de 4.000 metros de altitud es necesaria una aclimatación previa de un par de días, para evitar el mal de altura

Dónde dormir: Hotel de Larache, de la empresa Explora. Es posiblemente el mejor alojamiento de la localidad y entre sus facilidades se incluyen desde caballerizas, piscina y spa hasta un observatorio astronómico, algo a tener en cuenta ya que el cielo de Atacama es uno de los más limpios del mundo. 

Hotel de Larache
Dónde comer: Si se busca aire popular y raciones generosas de platos bolivianos y chilenos hay que ir a El Sol (c/ Toconao, 544) y a Las Delicias de Carmen (c/Calama), donde hay que pedir la patasca, un contundente guiso de maíz, verdura y carne de vacuno. Para propuestas más sofisticadas, hay que acercarse a Blanco (c/ Caracoles, 195). 

Cómo ir: La compañía aérea LAN Airlines conecta diariamente Madrid con Santiago de Chile. Una vez en el país, LAN Airlines ofrece hasta 14 frecuencias diarias entre los aeropuertos de Santiago de Chile y Calama.

Más información: Turismo de Chile
 
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